Podían escucharse los débiles ladridos de los perros, hijos de Coyoacán, entre la desolada calle. Podían escucharse también los rechinidos esporádicos entre el ronroneo de motores de combustión interna. Podían escucharse sus tacones romperse, entre el tambor asfixiante de su corazón y el golpeteo inconstante de su aliento. Podía escucharse a si misma, entre los consejos de su madre, los regaños de su padre y las caricias de Memo. Se escuchaba todo el camino de Dante, salve el cálido sonido de algún alma que la ayudara.
En el camino varias patrullas pasaron rápidamente, con las sirenas prendidas y las luces cegantes, no consiguió detenerlas con sus débiles gritos. El golpeteo del huehuetl de su corazón disminuía solo inversamente proporcional a los ladridos de los canes que aumentaban. Al fondo de la oscura calle podía ver el carro de Memo y aunque se hallaba a pocos metros la distancia parecía inconmesurable. Cumplió la distancia poco a poco.
Regresó al carro, Memo no estaba, pero si los perros que en la esquina cuidaban su territorio. Un leve alivio sintió cuando vió el teléfono enmedio del carro. Intentó tomarlo desde fuera del carro. Escuchó un chillido de llantas, el ruido torpes de una puerta que se abre y los pasos secos acercandose por detrás; ella solo quería alcanzar el teléfono y lo logró, justo cuando alguien la volteó bruscamente.
-¿Qué hace aquí? -inquirió el ahora policía, su compañero esperaba en la patrulla.
-Ayudeme por favor, mi novio, no se que pasó, ayudeme.- lloró.
-¿Su novio se llamaba Guillermo Zarco?
-Si, por favor, ayudeme. No se que pasó, solo quiero llegar a casa.
-Despreocupese, ahora tendrá una nueva casa, queda usted detenida -aunque la sonrisa de su compañero no podía ocultarse, ella no la veía.
-¿pero... ?
-¡Jalele!
Forcejearon, el celular cayó. Los perros al fin lograban abrir un frasco, y se apresuraban a devorar un par de globos oculares. El policía compañero sería el primero en manosear a Katia.
Katia (pseudofinal)
noviembre 07, 2008
Desmembrado por Mahomedalid Ivan Pacheco Morelos 1 requiems
Cuento: Katia
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