Fito Paez
El momento de la verdad es un término muy usado en el desarrollo de software, y se refiere al momento en que todo el trabajo realizado se pone a prueba. Si acaso se trata solo de desarrollar una aplicación, no importa cuantos planes seguidos al pie de la letra halla visto el cliente, si el presupuesto es sano, si se usaron las metodologías de punta, el UML más claro de la vida o los bocetos más vistosos. Es más, no importa si entregas antes, si al momento de tener contacto con el sistema ocurre una mínima excepción, entonces se siente que todo fue un fracaso. Si en cambio se trata de optimizar una aplicación, no importa cuantas veces se tuvo contacto con ella, si esta increiblemente usable o si tiene la arquitectura más nice, si al momento de entrar n usuarios es inmanejable y lenta, todo vale pa' puro p$#o: es ese el momento de la verdad.
Ayer tuve uno, no importa todo lo que dije, pensé, escribí, mentalicé, guardé, saqué. No importó el alcohol tomado, las risas, las bromas, los planes. Ayer tuve un momento de verdad, y a decir verdad, todo salió relativamente bien. Duré algunos minutos con el corazón en la mano, no puedo negarlo, pero la luz al final del tunel se ve pronta y disfrutable.
El sistema no tronó, tuvo un pequeño arrebato, aún hoy toca melodías con la suerte SouLe de que mientras escribo esto se oyen los Magic Folk Beans diciendo: "Quiero tejer bufandas de cerezas ... Quiero correr despacio sobre ojas -de otoño por supollo-".
¡Claro que por supollo!
El momento de la verdad
agosto 17, 2009
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Fumando Espero (II)
agosto 06, 2009
Enciendo otro cigarrillo, puede que llegue el día que me canse de esperar.
Puedo ceder ante el tiempo, éste que me restriega cada segundo que ya no te tengo, que me tienta y me incita a buscarte. ¿Y qué voy a encontrar? El no tener la certeza aquí me mantiene.
Puedo vivir de ello también, pero de que sirve si soy un desesperado.
Desesperado por mi indecisión. La decisión que tomamos fué alejarnos, así que no debería de estar esperando nada. ¿Pero pasa no? Pasa que aquí estoy, y que no abriré la tubería del gas.
Te espero, cuando la lluvia deje de caer, que vuelvas y me abrazes, que me golpees en el pecho y me reclames si es lo que necesitas, si es lo que te hace falta, si es lo que te hará desahogarte, olvidar por un rato, para después golpearme con un beso.
¿Volverás?¿La lluvia dejará de caer?
Debo limpiar éste lugar.
Me acabo otro cigarro.
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Cuento: Fumando espero
Fumando espero
marzo 11, 2009
Fumando espero, te espero, te espero con ansias. No te he visto en semanas, mujer preciosa, y te extraño en demasía, con sentimientos encontrados. Ya me he cambiado de casa, apenas a una cuadra y seguro no la reconocerías, es por demás espaciosa. Nuestros encuentros, cada vez más lejanos, ya hasta parecen un sueño que viví en otra vida. El cigarro se acaba, parsimonioso, siento como el THC recorre mis venas.
La casa ha quedado vacía en muy poco tiempo, tres días me tocó cambiar mis cosas, mis recuerdos. Ya solo falta desconectar la tubería de gas, tirar la ropa que me recuerda a ti, conseguirme otra guitarra. Y te espero, con el hastío de cada vez que pienso lo tan probable que es el hecho de que en todo este tiempo estuviste con otro. No te reclamaré nada, importa más tenerte, hacerte mia en este pedazo de alfombra que nunca en el tiempo que aquí viví estuvo tan limpia.
Empieza a llover, mi cigarro se acaba.
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Cuento: Fumando espero
Pills (V)
febrero 27, 2009
-Vamos Helena, el desayuno esta servido y se enfría.
-No tengo hambre y se me hace tarde, tengo que irme volando al trabajo.
-Como quieras, pero que hoy me ha quedado riquisimo.
-Yo creo que añoche fue cuando te quedó riquisimo, hoy tengo que irme Toño, llamame en la semana para hacer algo.
Helena se despidió con un beso en la frente. Salió volando.
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Cuento: Pills
Pills (IV)
diciembre 26, 2008
Tomó unas naranjas del refrigerador, y se dirigió a la barra, donde estaba el extractor.
"Qué sueños tan raros", pensó Antonio al preparar el jugo.
Tomó dos vasos, se sirvió en uno y lo ingirió de golpe, el resto lo depositó en otro vaso. Acomodó a un lado de los huevos y al terminar, se dirigió a la habitación para despertar a su acompañante.
Ella no estaba, pero sin embargo un sonido lo tranquilizó. Escuchó abrirse la regadera, el correr del cancel, y la habitación comenzó a llenarse de vapor.
"Te espero en la cocina, el desayuno se enfriará", dijo.
"Ajá gracias, ahí voy", le respondió una aguda y dulce voz.
Ella salió del baño, caminó por la habitación dejando el rastro de sus huellas húmads por toda ella, entonces un frasco multicolor con un revolvedero de pequeñas píldoras le llamó la atención, estaba sobre una mesita, junto a un cenicero con colillas a medio acabar y un vaso de agua a la mitad. Abrió el frasco y tomó una rosita, la analizó por unos segundos, se la llevó a la boca y la pasó con agua. Se secó y se puso la misma ropa que estaba por toda la alfombra. Se abotonó la camisa y se dirigió a la cocina para encontrarse con Antonio y un desayuno semicaliente..
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Cuento: Pills
Pills (III)
diciembre 23, 2008
Despertó, era ya un sueño cíclico, despertó consciente de que había soñado que justo antes de despertar soñaba con que tomaba las pastillas, en la otra ocasión no estaban, esto le sucedía ya con regularidad desde que comenzó a tomarlas, hoy tomaría otro color, cualquier color, hoy quería sentirse vivo, no importa si con alegría o tristeza pero sentir algo, cada vez es más difícil, las pastillas se apoderan de uno, habrá que salir a trabajar y conseguir más, tomo todos los frascos y los vació en un solo recipiente, cerró los ojos, tomo una al azar, se puso las sandalias y se metió a bañar, una ducha fría lo reanimaría, mientras se bañaba, pensó en lo que quería de desayuno, pensó en que hoy tenía una cita, comenzó a rasurarse y mientras lo hacía, recordó que no había dormido sólo, ¿Dónde estaría ella?, salió del baño aún con la toalla y la vio, ella seguía dormida, ¿Ella también tomaría pastillas?, no trató de despertarla, se encaminó a la cocina a preparar el desayuno…
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Cuento: Pills
Pills (II)
diciembre 12, 2008
Despertó. Igual que en el sueño la luz del sol entraba por la ventana con esa osadía particular de los rayos mañaneros. Volvió a la cama, en el camino de su cruda realidad sin pantunflas golpeó el borde del buró. Ya no intentó conciliar el sueño, al fin y al cabo las pastillas de la alegría lo salvarían de cualquier disgusto. Abrió el cajón y se dió cuenta, vació, nada verde, mal día: había olvidado comprarlas en la farmacia la noche anterior.
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Cuento: Pills