Tomó unas naranjas del refrigerador, y se dirigió a la barra, donde estaba el extractor.
"Qué sueños tan raros", pensó Antonio al preparar el jugo.
Tomó dos vasos, se sirvió en uno y lo ingirió de golpe, el resto lo depositó en otro vaso. Acomodó a un lado de los huevos y al terminar, se dirigió a la habitación para despertar a su acompañante.
Ella no estaba, pero sin embargo un sonido lo tranquilizó. Escuchó abrirse la regadera, el correr del cancel, y la habitación comenzó a llenarse de vapor.
"Te espero en la cocina, el desayuno se enfriará", dijo.
"Ajá gracias, ahí voy", le respondió una aguda y dulce voz.
Ella salió del baño, caminó por la habitación dejando el rastro de sus huellas húmads por toda ella, entonces un frasco multicolor con un revolvedero de pequeñas píldoras le llamó la atención, estaba sobre una mesita, junto a un cenicero con colillas a medio acabar y un vaso de agua a la mitad. Abrió el frasco y tomó una rosita, la analizó por unos segundos, se la llevó a la boca y la pasó con agua. Se secó y se puso la misma ropa que estaba por toda la alfombra. Se abotonó la camisa y se dirigió a la cocina para encontrarse con Antonio y un desayuno semicaliente..
Pills (IV)
diciembre 26, 2008
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Cuento: Pills
Pills (III)
diciembre 23, 2008
Despertó, era ya un sueño cíclico, despertó consciente de que había soñado que justo antes de despertar soñaba con que tomaba las pastillas, en la otra ocasión no estaban, esto le sucedía ya con regularidad desde que comenzó a tomarlas, hoy tomaría otro color, cualquier color, hoy quería sentirse vivo, no importa si con alegría o tristeza pero sentir algo, cada vez es más difícil, las pastillas se apoderan de uno, habrá que salir a trabajar y conseguir más, tomo todos los frascos y los vació en un solo recipiente, cerró los ojos, tomo una al azar, se puso las sandalias y se metió a bañar, una ducha fría lo reanimaría, mientras se bañaba, pensó en lo que quería de desayuno, pensó en que hoy tenía una cita, comenzó a rasurarse y mientras lo hacía, recordó que no había dormido sólo, ¿Dónde estaría ella?, salió del baño aún con la toalla y la vio, ella seguía dormida, ¿Ella también tomaría pastillas?, no trató de despertarla, se encaminó a la cocina a preparar el desayuno…
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Cuento: Pills
Pills (II)
diciembre 12, 2008
Despertó. Igual que en el sueño la luz del sol entraba por la ventana con esa osadía particular de los rayos mañaneros. Volvió a la cama, en el camino de su cruda realidad sin pantunflas golpeó el borde del buró. Ya no intentó conciliar el sueño, al fin y al cabo las pastillas de la alegría lo salvarían de cualquier disgusto. Abrió el cajón y se dió cuenta, vació, nada verde, mal día: había olvidado comprarlas en la farmacia la noche anterior.
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Cuento: Pills
Pills (I)
La luz del sol entraba por la ventana.
Antonio se cubrió hasta la cara con el edredón, pero aún así le molestaba el hecho de que la habitación se inundara de luz. Se levantó y cerró las persianas, volvió a la cama pateando las pantunflas, pero ya no pudo conciliar de nuevo el sueño.
Se sentó en la orilla de la cama, abrió el cajón del buró, y tomó la cajita de pastillas verdes, hoy decidió que a pesar de su no tan agradable forma de despertar, iba a estar de buenas.
Bajó a la cocina por un vaso de agua y tragó las dos píldoras verdes de la alegría.
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Cuento: Pills
Katia (pseudofinal)
noviembre 07, 2008
Podían escucharse los débiles ladridos de los perros, hijos de Coyoacán, entre la desolada calle. Podían escucharse también los rechinidos esporádicos entre el ronroneo de motores de combustión interna. Podían escucharse sus tacones romperse, entre el tambor asfixiante de su corazón y el golpeteo inconstante de su aliento. Podía escucharse a si misma, entre los consejos de su madre, los regaños de su padre y las caricias de Memo. Se escuchaba todo el camino de Dante, salve el cálido sonido de algún alma que la ayudara.
En el camino varias patrullas pasaron rápidamente, con las sirenas prendidas y las luces cegantes, no consiguió detenerlas con sus débiles gritos. El golpeteo del huehuetl de su corazón disminuía solo inversamente proporcional a los ladridos de los canes que aumentaban. Al fondo de la oscura calle podía ver el carro de Memo y aunque se hallaba a pocos metros la distancia parecía inconmesurable. Cumplió la distancia poco a poco.
Regresó al carro, Memo no estaba, pero si los perros que en la esquina cuidaban su territorio. Un leve alivio sintió cuando vió el teléfono enmedio del carro. Intentó tomarlo desde fuera del carro. Escuchó un chillido de llantas, el ruido torpes de una puerta que se abre y los pasos secos acercandose por detrás; ella solo quería alcanzar el teléfono y lo logró, justo cuando alguien la volteó bruscamente.
-¿Qué hace aquí? -inquirió el ahora policía, su compañero esperaba en la patrulla.
-Ayudeme por favor, mi novio, no se que pasó, ayudeme.- lloró.
-¿Su novio se llamaba Guillermo Zarco?
-Si, por favor, ayudeme. No se que pasó, solo quiero llegar a casa.
-Despreocupese, ahora tendrá una nueva casa, queda usted detenida -aunque la sonrisa de su compañero no podía ocultarse, ella no la veía.
-¿pero... ?
-¡Jalele!
Forcejearon, el celular cayó. Los perros al fin lograban abrir un frasco, y se apresuraban a devorar un par de globos oculares. El policía compañero sería el primero en manosear a Katia.
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Cuento: Katia
Katia (V)
octubre 11, 2008
Entre la gente, policía, teléfono, gritar, se agregó un revoltijo, de porqués, quienes , paraqués. Quizá por qué fue uno de los últimos temas, quizá porque cuando vio el frasco, sintió cierto estremecimiento, mientras corría, en su mente iba tomando fuerza la imagen del frasco.
Su cuerpo ya no daba para más, tengo que voltear, se dijo, tomó todo el valor que le quedaba, y parecía que nadie la iba siguiendo, un instante después al no sentirse perseguida, se dio cuenta que estaba perdida, todo se veía obscuro, no supo hacia donde corrió, no sabía dónde estaba, ni cómo salir de ahí. ¡Diablos!, desde niña Katia se perdía hasta en el supermercado, esta vez no fue la excepción, siempre le intrigaba como Memo podía salir casi de cualquier lugar, tenía ese sentido de la orientación…. Memo… Cuando la mente humana deja de enfocarse en un miedo, un dolor, un sentimiento, se puede dar cuenta que había otros detrás… Soltó el llanto, su Memo, estaba muerto, Memo con el que pensaba algún día…. Memo.
Decidió buscar un teléfono, tenía que hablar con alguien, con quien fuera, su familia, sus amigos, alguien, necesitaba que alguien le dijera que las cosas iban a salir de alguna u otra manera pero iban a salir.
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Cuento: Katia
Katia (IV)
octubre 06, 2008
No podía comprender que estaba pasando.
La mezcla de miedo, temblorina, nerviosismo, coraje, confusión le revolvían las ideas. No sabía que hacer. Ni a donde ir. Pedir ayuda. Gritar. Teléfono. Policía. Gente. Alguien. Algo.
Llegaron a Tlatelolco. Plática habitual de una pareja que lleva poco más de dos años de novios. Y que ilusamente se creen conocer.
- ¿Cómo te fué con la Señora Lucía?
- ¿Quién?
- La señora a quien le ibas a llevar los planos de su casa mi amor.
- Ah, ah si. Esté pues bien, aunque me pidió que le hiciera unas correcciones. Mañana iré de nuevo a dejarle el trabajo.
- Oh, ¡ay que trabajador! Por eso y por lo lindo que eres ¡te quiero mucho! - Pasó su mano derecha por el contorno de la barba de su Memo, y le dió un beso.
- No trajiste el frasco que te regalé ¿verdad? - Preguntó Memo a su novia.
- No. No me dijiste mi amor. ¿Ya me vas a decir que contiene?
- Algo importante, cuando llegues a casa quiero que lo abras. Dentro hay una caja, tiene combinación. 121106 es la combinación.
- Miira!, cuando nos conocimos!
- Exacto. - Afirmó Memo.
- ¿Y por qué tanto misterio oye? - Katia levantó su ceja derecha al preguntar.
- ¿Apoco no te agrada?
- Si, pero bueno, espero sea un lindo anillo o la pulsera que te dije que me encantó.
- Es mucho mejor nena, te lo aseguro.
- ¿Y tu amigo que tiene que ver en ésto?
- Ah, me olvidaba, ya se tardó, déjame le llamo.
Memo bajó del auto, deslizó su celular.
- Jorge. - Menciono el nombre para que éste se marcara.
Mientras Guillermo hablaba con su amigo, Katia bajó la visera para verse en el espejo. Se puso gloss en los labios.
Memo subió al auto de nuevo, nervioso.
- Nos vamos.
- ¿Qué te dijo Jorge? ¿No iba a venir?
- No, lo veremos en otro lugar.
Guillermo se puso el cinturón de seguridad.
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Cuento: Katia
Katia (III)
octubre 04, 2008
Tacones rojos del número doce, costumbre adquirida en 'la academia', pequeño club nocturno donde la navidad reinaba 365 días del año a través de los foquitos de colores que adornaban lo mismo árboles que ventanas.
Tan solo un farol iluminaba la calle en la que salió presurosa al Pontiac Firebird 68 de su Memo. Un matriarcado celebraba jacarandoso al final de la cuadra, las mujeres de hombros descubiertos y piernas descompuestas trataban de seguir el son con estrepitosos gritos de guerra fiestera. Se encontró murmurando la guapachosa tonada, justo antes de subir al automovil.
Recibió a Memo con un cálido y húmedo beso, él rozó tímidamente la pierna descubierta de Katia.
-¡Galletita, dime, cual es mi sorpresa!- le dijo efusiva.
-Espera, ya verás lo que te tengo preparado. - y añadió- Pero oye, ¿todavía guardas el frasco que te di, cierto?- dijo inquisitivo.
-Si amor, en mi cuarto. ¿Por cierto que es? -preguntó un poco tímida.
-Parte de la sorpresa Katia. Por ahora tenemos que irnos, pero necesito que cierres los ojos amor, ¿lista?- dijo animado.
-No memo, al menos dime a que rumbo vamos, no me tengas así, ¡anda!-suplicó con los ojos más grandes y llorosos que pudo mostrar.
-Esta bien linda, vamos cerca de Tlatelolco. Un amigo me ayudará para la sorpresa, pero tuvo que acompañar a su hermana al mitin, sus padres ni muertos la dejarían ir sola.
-Esta bien galletita, estoy lista. - y cerró los ojos.
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Cuento: Katia
Katia (II)
Mientras Kathy esperaba el típico rechinar de llantas que anunciaba que Memo había llegado, jugueteaba con un frasco de vidrio opaco. Recordó que hacía una semana Memo se lo había dado, le dijo: Guárdamelo en tu casa, por favor y no lo abras.
No había pensado mucho en él hasta ese momento, que el frasco se acababa de salir de su bolso. ¿Qué será?, ¿Por qué no lo guardó él?
Kathy recordó las tontas historias que sus amigas le contaban, hacía poco había desaparecido una joven, los rumores decía que las autoridades, sí habían encontrado el cuerpo, pero que no habían avisado a nadie de esto porque cuando lo encontraron éste estaba irreconocible, no parecía el de una persona humana, dicen que le faltaba algo, que los investigadores al verlo se horrorizaron tanto que prefirieron cerrar el asunto y hacer como que nunca lo hubieran hallado.
Kathy guardó el frasco entre las cosas de la repisa de su cuarto, cuando acabó de acomodar todo, bajó a la sala y se sentó a ver películas de miedo con su hermana. Estaba de muy buen humor, Memo ya no tardaría en llegar por ella, hasta aguantó las preguntas de su hermana pequeña, ¿Y a donde van a ir? ¿Y porque Memo no se corta el pelo? ¿Porque te arreglaste tanto? ¿Por qué no van a cenar a casa de mi tía?
En cuanto escuchó el carro acercarse Kathy salió disparada por su bolso. - Regreso temprano. Gritó avisando a su Mamá, y salió cerrando la puerta.
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Cuento: Katia
Katia (I)
Era de noche. Si no hubiera dejado su reloj en la mesita de la sala, Katia sabría con certeza el tiempo.
Aunque cuando corres después de haber presenciado como matan a tu novio, lo que menos te importa es la hora.
- Te quiero.
- ¿Mucho? -preguntó Kathy.
- Si mi amor, mucho.
Estaban en el pontiac rojo de Memo. Se abrazaron, el freno de mano les estorbaba.
En el ambiente solo se escuchaban los grillos, en armonía musical con "La hora nacional" en el estéreo del carro.
Se separaron. Katia fijó su mirada en los ojos oscuros de Memo. Lo tomó de la barba, y le sonrió.
Después, al desviar la vista hacia el fondo, sus ojos parecieron ser más grandes por un momento, y pegó un grito.
El estruendo de la ventanilla de Memo rota opacó el grito de Katia.
Vió como su novio era golpeado en la cara con la culata de un arma que no reconoció, se le afiguró un rifle, jamás había visto un arma así que no pudo reconocer, solo veía Memo tratando de zafarse, pero estaba atado al cinturón de seguridad.
Kathy bajó del pontiac. Los tacones rojos del número doce no le causaron el menor problema en correr.
Olvidó su bolso en el carro, en el cual siempre cargaba un gas pimienta por si se ofrecía.
El teléfono de la familia González sonó.
- Kathy, hijita, es para tí.
- Voy mami.
Kathy salió corriendo del baño, se acababa de terminar. Atendió al teléfono.
- Si, ¿bueno?
- Hola nena, paso por tí a las 9:00 ¿ok? Te tengo una sorpresa.
- Ok mi amor, pero llegas temprano eeh!
- Si, atenderé antes unos asuntos con una clienta y paso por tí.
- ¿Con cual clienta Guillermo? - Inquirió Katia.
- Ay mi amor!, con la señora Lucía, tengo que entregarle unos planos de su nueva casa.
- Ah, bueno, entonces te veo en la noche mi amor. Espero mi sorpresa. ¿Qué es? Ándale dime.
- No no, hasta al ratito.
- Ay! ¿ves como eres? bueno pues, entonces me quedó con la duda. Te quiero, bye bye!
- Bye. - Memo colgó.
.. continúa.
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Cuento: Katia