Era de noche. Si no hubiera dejado su reloj en la mesita de la sala, Katia sabría con certeza el tiempo.
Aunque cuando corres después de haber presenciado como matan a tu novio, lo que menos te importa es la hora.
- Te quiero.
- ¿Mucho? -preguntó Kathy.
- Si mi amor, mucho.
Estaban en el pontiac rojo de Memo. Se abrazaron, el freno de mano les estorbaba.
En el ambiente solo se escuchaban los grillos, en armonía musical con "La hora nacional" en el estéreo del carro.
Se separaron. Katia fijó su mirada en los ojos oscuros de Memo. Lo tomó de la barba, y le sonrió.
Después, al desviar la vista hacia el fondo, sus ojos parecieron ser más grandes por un momento, y pegó un grito.
El estruendo de la ventanilla de Memo rota opacó el grito de Katia.
Vió como su novio era golpeado en la cara con la culata de un arma que no reconoció, se le afiguró un rifle, jamás había visto un arma así que no pudo reconocer, solo veía Memo tratando de zafarse, pero estaba atado al cinturón de seguridad.
Kathy bajó del pontiac. Los tacones rojos del número doce no le causaron el menor problema en correr.
Olvidó su bolso en el carro, en el cual siempre cargaba un gas pimienta por si se ofrecía.
El teléfono de la familia González sonó.
- Kathy, hijita, es para tí.
- Voy mami.
Kathy salió corriendo del baño, se acababa de terminar. Atendió al teléfono.
- Si, ¿bueno?
- Hola nena, paso por tí a las 9:00 ¿ok? Te tengo una sorpresa.
- Ok mi amor, pero llegas temprano eeh!
- Si, atenderé antes unos asuntos con una clienta y paso por tí.
- ¿Con cual clienta Guillermo? - Inquirió Katia.
- Ay mi amor!, con la señora Lucía, tengo que entregarle unos planos de su nueva casa.
- Ah, bueno, entonces te veo en la noche mi amor. Espero mi sorpresa. ¿Qué es? Ándale dime.
- No no, hasta al ratito.
- Ay! ¿ves como eres? bueno pues, entonces me quedó con la duda. Te quiero, bye bye!
- Bye. - Memo colgó.
.. continúa.
Katia (I)
octubre 04, 2008
Cuento: Katia
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